lunes, 29 de septiembre de 2014


LA PRUEBA Y EL ERROR

 

Querer explicar las cosas desde nuestra perspectiva. Algo más osado: creer que podre mos llegar a las certezas absolutas a partir de nuestra ciencia. Cuestiones que se derri ban con apenas una simple observación del entorno: cual pez en su pecera vidriada, nuestro límite es la esférica vastedad finita del Universo, con las leyes más o menos rebatibles que lo explican.

Es una reflexión muy atildada colegir que tanta belleza circundante sería una creación sin sentido sin nosotros para poder apreciarla (pues nuestros amigos animales pareciera que no cuentan con suficiente raciocinio para compartir nuestro arrobo). Entonces una y otra vez caemos en eso que tanto incomoda a los hombres de ciencia: “sólo Dios, un ente creador, etc. podría estar detrás de tanta maravilla, pues es difícil de aceptar el atribuirla a un azar, a  “una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáti- ticamente paradójica” sin intervención volitiva creacionista.

Nuestras especulaciones “pez de pecera” también nos inducen a circunscribir el raciocinio a algo propio de un ser vivo evolucionado. “La conciencia es propia de una existencia orgánica”. El punto más alto de esta elucubración es concluir que la cadena de eventos en el contexto del Universo incluye generar la vida como vía para acceder a su propio autoconocimiento. La experiencia de los sentidos el Universo la practica a través nuestro, que somos en definitiva polvo interestelar que lo comprende.

La vida es rara, azarosa y escasa (de acuerdo a los parámetros espaciales), y el raciocinio es a la vida lo que la vida a la esfera cósmica: un insólito y misterioso privile- gio concedido a “cuentagotas”. ¿Y el sentido de nuestra vida? Tan luego que todo parece surgir a partir de un sinnúmero de casualidades, esa certeza abona otra que puede sonar desalentadora: la experiencia de la vida está permanentemente sujeta a un eterno ensayo de prueba y error: reino de dinosaurios- poco prácticos para un medioambiente planetario tan pequeño- meteorazo para exterminarlos- reino de mamíferos, interesantes para hacer evolucionar raciocinio, primeros homínidos – tremenda glaciación para poner punto caramelo a la raza homínida más adecuada para albergarlo – Homo Sapiens… y esta especie parece empecinada en crear “vida consciente artificial” (¡!)… ¡Aaaah!... este aspecto es el que no estamos analizando, ¿no? ¿Qué se trae entre manos ese bribón del “ente creador”, o esa creciente “autoconciencia” del Cosmos?

La evolución es una cadena de eventos que no se detiene, y definitivamente no reconoce imprescindibles. 

 

                                                                             Pablo Fernando Tomati