jueves, 18 de diciembre de 2014

EL REAL VALOR DE LAS COSAS

En pleno viaje por una ruta, el padre miró el espejo retrovisor e interrogó a su taciturno
hijo.
-Te veo pensativo. ¿En qué estás pensando?
-Desde el auto en movimiento los árboles, las fincas, las anónimas personas, pasan
 ante mi vista y me importan nada. Son árboles a los cuales nunca me subiré, fincas
 que nunca visitaré, personas que nunca conoceré.  Desde aquí arriba, solo son un  
 paisaje en movimiento, cosas que pasan monótonamente y que desde mi lugar,
 nacieron para esa función de breves instantes.
-Pareciera que el asunto te molesta de algún modo.
-Sí, porque yo me considero importante, pero para todos los que no me conocen,
 soy lo mismo: un objeto en movimiento que integra el decorado para cada observa-
 dor que lo contempla.  Salvo quienes nos quieren, al resto les importamos nada. 
-La vida es una experiencia individual, Lucio.  Hay espacio para uno solo dentro de
 cada cuerpo, ningún otro puede vivir dentro tuyo.   Por eso, si vamos al caso, inclu-
 so los que amas somos simple paisaje ante tus ojos.  De cómo veamos las cosas de
 penderá el modo en que nos resulten.  ¿Y si vieses a cada árbol, a cada finca y a
 cada persona como integrantes de tu mundo propio?  Entonces ya no serían meros
 objetos sin valor.  Al auto podría tener que detenerlo por un desperfecto mecánico;
 en ese caso deberías pasar el tiempo trepando a ese manzano que está allí, o pedir
 agua al dueño de esa casita que ves detrás de ese sembradío, o conversar con el mu-
 chacho que viene caminando al costado de la banquina.  Son parte de ti, como el
 aire que respiras, inaprensible hasta que penetra en tus pulmones.  Piensa en todo el
 aire del mundo que no llegarás a aspirar: no habrá sido necesario, pero sabrás que
 siempre estuvo a tu disposición, porque estaba dado para ti. Y las manzanas, el agua,
 los potenciales amigos. Los aventajados en el arte del buen vivir ven las cosas de ese
 modo.
 
                                                                                                            PABLO F. TOMATI