Una criatura
evolucionada, el E.T. prototípico concebido por la literatura y el cine, de
seguro ha prescindido de tan abyecto instinto quizá desde sus orígenes mismos,
o acaso en un remoto momento crucial de su existencia. Puesta en la desdichada
tarea de estudiar al Homo Sapiens a partir de su cosmovisión, ¿cuál sería su
reacción al contemplar a un individuo humano ultimar impunemente a un congénere
indefenso? Las personas que tenemos inhibido el instinto asesino no encontramos
ningún animal plausible moralmente de ser suprimido por tratarse de un
espécimen maldito que disfruta eliminando a sus iguales. Lavamos nuestras
culpas respecto de dar muerte a ciertos animales, cuando el acto es necesario
para procurarnos alimentos o protegernos de plagas que afectan nuestra
existencia. Pero el cazador que no destina su presa para alimento o el pescador
deportivo que no devuelve la pieza viva a su elemento se encuentra en un estadio
moral equivalente al de un criminal, porque el atávico mandato del "no
matarás" excede al colectivo humano. Toda existencia es sagrada per se.
El acto de la
muerte violenta ingresa en nuestros hogares por los medios audiovisuales en
formato informativo o de entretenimiento. Si, la mayoría de nosotros
contemplamos la sangre derramada con espanto cuando es real, pero nos divierte
cuando está contenida en el envase de un supuesto entretenimiento. Ese permiso
que nos damos nos devuelve a nuestra condición de especie miserable, porque
confronta la inhibición generada por nuestra estructura mental con un instinto
que persiste instalado en nuestro hipotálamo. Al espectáculo sangriento
generado en el Circo Romano lo hemos sublimado ante la pantalla chica o grande.
No califica a
nuestra especie ningún logro tecnológico, ninguna obra de arte excelsa, ninguna
Madre Teresa, Einstein o Confucio, sino el hecho que somos criaturas que en
cualquier momento pueden dar muerte a un igual, y/o destruir su planeta a
partir de un comportamiento con el medio ambiente reñido con la lógica y el
sentido común. Así es como se ordenan los rangos en el club de las especies
superiores, y tales no son necesariamente las que viajan en naves interestelares
o dominan la técnica del viaje temporal o dimensional, sino las que desconocen
enteramente lo que es matar y dañar su contexto existencial.
