domingo, 14 de abril de 2019


                                 MEET AND GREET - CONOCER Y SALUDAR

Ahora una Estrella del espectáculo, cual monarca - dios viviente, concede al fan acólito la gracia (si quiere y puede pagarla) de un breve instante para saludarla y posar con ella para una foto. El Mercado piensa en nuevas y retorcidas fórmulas para recaudar unos dólares más: pone a la Estrella en una burbuja vidriada, y los selectos adoradores pueden apoyar los labios del lado exterior del vidrio, mientras la figura adorada apoya los suyos del lado interno, en un piquito aséptico cuya húmeda impronta es presurosamente removida por alcohol en gel. Al fan pobre le queda el tortuoso recurso del asalto de la figura para “robarle” una selfie.
Exhibimos nuestros logros de aproximación con los encumbrados inalcanzables en las fotos digitales de nuestros dispositivos, cuya inmortalidad dependerá del destino que les demos. En esos instantes hay, no obstante, dos protagonistas con opuestos sentimientos: el que lo vivió como un recuerdo único que lo acompañará siempre (“¡Miren: ESTUVE con…!”) y la otra parte que lo vivió como un tedioso momento al cual se debió allanarse por contrato, a instancias de su manager y el de RR.PP. La pregunta es cuán valiosa es la experiencia cuando todo se basa en un contacto artificioso, sin alma ni interés recíproco.
La Humanidad se fragmenta en compartimientos estancos. Siempre ha sido así. Los órdenes, las categorías, las clases sociales; los gobernantes, los clérigos, la plebe; las estrellas del espectáculo y sus admiradores. Siempre hay quienes miran desde arriba y otros que lo hacen desde abajo. Lo aceptamos, y algunos hasta lo disfrutan. La búsqueda de la foto para el posterior chapeo es otra vertiente del asunto que amerita un análisis distinto. Pero en esta breve reflexión, lo que en lo personal me toca decir es que la única foto que me interesa obtener para mirarla con perpetuo afecto y orgullo es aquella que refleja un encuentro compartido con el artista querido y/o admirado donde ambos pasamos un grato momento, por ejemplo, comida de por medio.

                                                                                           Pablo Fernando Tomati

 
                                                                                          









                    El autor con sus amigos, anfitriones de Boff Serafine (ex Riff) y su banda.

viernes, 2 de noviembre de 2018


LA PALABRA EXTRAVIADA

Mucho de lo que entendemos por evolución se liga al desarrollo científico. Pero salvo algunas ligeras variaciones, nuestra especie sigue siendo el mismo homínido superior que se impuso a los otros linajes gracias a su inventiva, gentileza de ciertas neuronas de yapa.
Fue LA PALABRA el elemento singular de la criatura humana, el vehículo virtuoso que nos fue transportando cual cápsula presurizada autopropulsada a través de selvas hostiles y mares tempestuosos. LA PALABRA nos ha preservado escrita en cuentos y tragedias, en pensamientos filosóficos y poesía, en tratados de ética y novelas; LA PALABRA como arte y obra; como oratoria excelsa destinada a conmover pétreos espíritus o a mitigar el desconsuelo de los deudos de un difunto.
Es en el cómo nos vinculamos con las palabras donde definimos si militamos en el partido de la civilización o de la barbarie. En esta dualidad, la Palabra se corresponde con lo primero cuando marcha en simbiosis con la VERDAD; la Palabra es instrumento de la barbarie cuando pierde su fundamento y se transforma en otra cosa: un arma arrojadiza para herir, para el mero vituperio, para la mendacidad.

En el clan primitivo de los proto humanos el elemento más codiciable era el fuego; hoy es la “verdad”, pero no la genuina y absoluta, sino la que se amolda a las necesidades de cada individuo, la relativa.
¿“QUE ES LA VERDAD? ¿QUID VERITAS? En el siglo XXI ya no es un valor en sí mismo. Ralph Keyes, en su best seller “The Post-truth Era. Dishonesty and Deception in Contemporary Life” (2004) señala que asistimos a una era en que la honestidad está contra las cuerdas; que a la átavica mentira por primera vez en la historia no se la percibe como un disvalor en el discurso político. “Perder interés en buscar la verdad –afirma Keyes- significa dejar de confiar unos en otros, porque ya no sabremos quien está siendo honesto con nosotros y quién no. Las consecuencias de vivir en un mundo “post-veraz” se volverán cada vez peores si no se despiertan las conciencias”.
Para evitar este cariz, deberíamos desarrollar relaciones más cercanas inter pares. La falta de honradez y el engaño siempre estuvieron con nosotros en la creciente degradación de nuestros vínculos. Vemos que en el debate gana quien grita más fuerte o se anima a ir más allá para dejar al otro sin respuestas. El insulto como recurso para aniquilar discursivamente al otro, supone que es más importante descalificar personalmente al oponente que rebatir los argumentos expuestos. El barbarismo de nuestro tiempo queda expuesto en la naturalización del insulto, que da cuenta que ya no importa la calidad, la pertinencia o la veracidad de un enunciado, sino tan solo no quedarse callado.
Nietzsche observó que las convicciones son enemigas más poderosas de la verdad que de la mentira. En el mundo “civilizado” de la post-verdad no importa comunicar o informar en sintonía con la realidad y basados en evidencia, sino reafirmados en sus creencias personales.
Éste es el terreno de arenas movedizas en el cual caminamos. Si extraviamos el valor de LA PALABRA, nos quedamos sin el vehículo necesario para afirmarnos en una auténtica civilidad.


                                                                                                     Pablo Fernando Tomati

martes, 12 de diciembre de 2017


LA TENTACIÓN DE BUSCAR ACEPTACIÓN

La vorágine de la revolución nano tecnológica y de las comunicaciones nos ha sorprendido a la última generación de la “Olivetti” en una mediana edad, que transcurrió su primera mitad con tan solo un teléfono fijo, una tevé de cuatro canales (si vivías en Buenos Aires) y visitas a bibliotecas y hemerotecas para recopilar información del Mundo. Hoy, y por obra de esa fulminante sofisticación material de la civilización, triunfadores en la vida junto a auto percibidos como fracasados de la misma; casados con hijos, dos coches y viajes por el mundo una o dos veces al año junto a solteros y/o solitarios –posicionados o en la lona-, coinciden increíblemente en un mismo afán: ser aceptados, porque en el fondo se saben inseguros, y conviven con el terror que provoca la posibilidad de quedar afuera del universo social inmediato que los rodea. La línea entre estar dentro o fuera del sistema es cada vez más delgada, y a diferencia de antaño, las consecuencias de la caída son más onerosas. Las redes sociales –principalmente Facebook e Instagram- se constituyen en el escenario donde peleamos por nuestra aspiración a SER ACEPTADOS en esta sociedad que algunos critican, otros se sienten a gusto, pero que nadie podría prescindir de ella.
Wayne W. Dyer en su obra “Tus zonas erróneas” da en el blanco con este asunto, y transcribo:
Si tienes que ser alabado al costo de no declarar con confianza lo que piensas y sientes en cualquier momento presente de tu vida, sacrificas tu verdadera personalidad –tu “yo”- por las opiniones y predilecciones de los demás. Cuesta enfrentar un rechazo o una censura y más fácil adoptar un comportamiento que inspirará aprobación. Es una trampa peligrosa, y una trampa difícil de evitar en nuestra sociedad.
 
Curiosamente, los relatos que condicionan la espontaneidad del pensamiento propio de un número significativo de personas provienen de segmentos minoritarios aunque de presencia intensa que arraigaron en las áreas dinámicas y centrales de la comunidad. Posiciones rupturistas, combativas e intransigentes con el sistema socio político cultural en el cual estamos inmersos. Hay una victoria cultural curiosa en países como el nuestro: a partir de tragedias de nuestro pasado reciente, se instalaron estigmatizaciones –lo burgués, lo oligarca, lo facho, lo gorila, el liberalismo travestido de conservadurismo de derecha- que consiguieron encriptar dimensiones de pensamientos ligados al pacifismo humanista, al liberalismo político económico soñado en sus raíces foráneas por gente como Locke, Hume, o Adam Smith, o en nuestro país por Alberdi, bien interpretado y promovido por personas como Alberto Benegas Lynch, y en general a posiciones reacias al populismo de inspiración inequívocamente fascistoide. El relato gendarme, que controla esas áreas tan caras a los espíritus sensibles, consigue la auto censura imprescindible para la pertenencia. Y entonces sobreviene la estafa: la renuncia a nuestro yo, a cambio de una careta complaciente sostenida con embustes o con silencio para lograr la aceptación de quienes controlan la portería, dictaminando lo que es el bien y lo que es el mal.
                                                                                                Pablo Fernando Tomati

miércoles, 3 de mayo de 2017

UNA ESPECIE ESCLAVIZADA


Al abordar el pecado de la pereza en su libro “Los Siete Pecados Capitales”, Fernando Savater cita al escritor y político francés François R. de Chateaubriand en su obra “Memorias de Ultratumba”: Fuese pastor o rey, ¿qué hubiese hecho con mi cetro o mi cayado? Me habría fatigado igualmente de la gloria y el genio, del trabajo y el ocio, de la prosperidad y del infortunio. Todo me cansa: remolco penosamente mi hastío junto a mis días y voy por doquiera bostezando mi vida”.

   Respecto del Hombre el Orden creador contempló el peligro del hastío, y le dio un motor llamado inquietud e inconformismo. Básicamente, las personas no se quedan quietas, y se ocupan en trabajar, realizar actividades de todo tipo, viajar.  Pero, siendo una especie híbrida e implantada, no tiene de su condición de animal el elemento característico de ese “reino”: la serena elementalidad de las bestias, y no tiene de su condición de criatura pneumática el elemento característico de los dioses: el pleno poder sobre el tiempo y los elementos. Vistos desde el implacable punto de observación de un megascopio intergaláctico, somos unos bichitos que se mueven frenéticos en su brevísima existencia, yendo de un lado a otro, y algunos pocos, construyendo vanas edificaciones e infraestructuras complejas, o pequeños objetos voladores que salen impulsados hacia la nada espacial.  Es evidente que esta especie va hacia algún lado, que tiene algún propósito, un sentido existencial, pero daría la impresión que fue puesta allí para cumplir con algo concreto, y que luego se desvanecerá por autoeliminación… o por hastío al haber arribado al punto límite permisible sin sucumbir. La Humanidad es una especie esclava, y no puede escapar de su sino. Todo lo que hace y cree que puede llegar a hacer está condicionado por un espacio muy acotado, por un mandato del cual no puede evadirse. Un sino que no habilita conocer la plena libertad, y en consecuencia, acceder a la plena felicidad. El único capital relevante que posee es la conciencia y la potencial capacidad de construir su propia trascendencia espiritual.
 
                                                                                         Pablo Fernando Tomati
 
                                                                                                 


miércoles, 14 de diciembre de 2016

LOS AFECTOS SUTILES

 El mundo de las relaciones humanas es mucho más sofisticado de lo que imaginamos. Si dividimos el universo de nuestros afectos entre los que nos aman, nos quieren o nos aprecian, estaríamos dejando fuera una categoría mucho más difusa, indefinida y difícil de describir: la de los afectos sutiles. En mi obsesiva observación de la naturaleza humana, he aprendido a identificarlos tras anoticiarme de su existencia.

Los afectos sutiles son aquellas personas que nos observan a la distancia con una sonrisa; nunca sabrán descubrir qué es lo que sienten por nosotros, pero les place saber que estamos aquí. Hay una evidente empatía, mezclada con un atávico hálito proveniente de pasadas vidas que susurra sin palabras, instando a desandar algún tipo de rumbo hacia nosotros. Los afectos sutiles saben que ese limbo no conduce a nada, pero hay una duda central arraigada en lo más profundo de su ser –no es temor ni inseguridad, es algo que tiene más que ver con un: “este no ha sido el tiempo, la edad ni la circunstancia para que esa persona sea algo distinto… a un afecto sutil”.

Los afectos sutiles son los que llegan hasta el teléfono sacado de su base o del índice deslizado por la pantalla del Smartphone para activarlo, y nada más; los del “venite” cuando previamente y posteriormente exclaman un genérico “vengan”, pero que no nos integran a su mundo si pueden evitarlo; son el rostro sonriente a cuatro asientos de distancia; son los que nos encuentran en las páginas de sus libros de lectura sin haber estado pensando en nosotros previamente.
 
                                                                                                  Pablo Fernando Tomati

lunes, 25 de julio de 2016

LA ESGRIMA VERBAL Y SUS TRAMPAS

En las redes sociales algunos damos a veces nuestra opinión sobre algo que nos fastidia. De inmediato, nos “saltan a la yugular” los opositores a nuestro punto de vista. Lo primero que deducimos es que algo certero habremos formulado, pues ese argumento amenaza una “verdad revelada” que a partir de la observación corre peligro de perder su invulnerabilidad

Observamos en nuestra vida contemporánea un siniestro ejercicio de retórica que uno desearía poder desenmascarar. Sus cultores son los fervorosos militantes dogmáticos que creen poseer LA VERDAD. Algunos integran corrientes políticas radicalizadas, transformadas por obra de sus rituales públicos en lo que conocemos como secta; otros a filosofías político-económicas, bien formuladas desde la teoría, pero de dudoso éxito tanto global como regional, si nos limitamos a un imparcial empirismo histórico. Respecto de éstos, suelen ufanarse de ser insuperables en el arte de la discusión dialéctica, cohibiendo frecuentemente a interlocutores no dogmatizados o ajenos a esos ejercicios sofisticados del lenguaje. Al respecto hay un libro de lectura imprescindible escrito por Arthur Schopenhauer que lleva por título “Dialéctica erística o el arte de tener razón mediante 38 estratagemas”, basado en los “Tópicos de Aristóteles”. La obra contiene una serie de apuntes en los que Schopenhauer recopiló treinta y ocho “estratagemas”, “ardides”, “trucos” dialécticos, “argumentaciones desleales” o “engañosas” utilizadas en las discusiones públicas, cuando uno de los contrincantes desea que prevalezcan sus tesis u opiniones sobre las del adversario, aun sabiendo que sus argumentos son mentirosos, absurdos o que no tienen razón alguna en el asunto a discutir. Es el arte de discutir, pero discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente. Algunos de los 38 tópicos son éstos:
 
Proceder "preguntando al adversario” para poder deducir de sus respuestas la verdad de nuestra afirmación. No se está focalizado en conocer en profundidad el pensamiento del otro, abierto a aceptar la eventualidad que la razón le acompaña, sino a escuchar en función de poder refutar a partir de lo que el otro argumenta.
 
Provocar la irritación del adversario y hacerle montar en cólera para que se degrade su discurso y la canalización ordenada de sus ideas; “sacarlo” de su centro. Este es el aspecto que yo veo como central en esta gente soberbia e intolerante, y conecta con otra estrategia que suele ser su consecuencia: cuando el adversario, llevando de hecho razón, ha tenido la mala suerte de elegir para su defensa una prueba inadecuada que podemos invalidar fácilmente, dando con eso todo el asunto por refutado.
 
No establecer las preguntas en el orden requerido por la conclusión a la que se desea llegar con ellas, sino desordenadamente; el adversario no sabrá a dónde queremos ir.
 
Cuando hayamos obtenido del adversario la concesión de una premisa que requeríamos, tenemos que deducir la conclusión deseada no con más preguntas, sino concluyéndola inmediatamente nosotros mismos.
 
Si inesperadamente el adversario se muestra irritado ante un argumento, debe utilizarse tal argumento con insistencia.
 
Finalmente está el “manotazo de ahogado”: Cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente. Volvemos una vez más al tópico de intentar “sacar” al adversario.
 
                                                                                                Pablo Fernando Tomati

jueves, 19 de mayo de 2016


POR QUE ESCRIBIMOS

A quienes tenemos un gran aprecio por Fernando Savater nos ha conmovido el profundo dolor que trasunta por la muerte de su amada esposa Sara Torres en marzo pasado. “La aflicción es más fuerte que la razón”, expresó en el primer reportaje que concedió tras la pérdida.  Hay una sentencia muy generalizada en el mundo de los escritores, algunos se la atribuyen a Gabriel García Márquez, que dice: “Yo escribo para que me quieran”. Fernando le echó mano modificando el final: “Escribía para que Sara me quisiese”. Y es inevitable que todos los que amamos escribir (además de leer), hasta los fracasados inéditos como un servidor, lo hagamos motorizados y guiados por un ser real o ficticio en el cual depositar nuestros más nobles sentimientos. Despojados de él, nuestra vida pierde incentivo.

Aun cuando Dulcinea no existía y las neuronas sanas que le quedaban al pobre Quijote/Quijano le confirmaban esa presunción, El Caballero de la Triste Figura no  renunciaba a su amor platónico, porque era el sustento vital de sus días, lo que le daba sentido a sus aventuras; no servía y hubiese sido contraproducente que le obligaran rendirse a la evidencia, porque significaba quitarle lo que motorizaba sus impulsos, y porque en definitiva quienes no son amados –correspondidos-, al menos se conforman para seguir vivos con la mitad del hermoso juego: tener una figura concreta para amar. ¿Recuerdan los que vieron el film Náufrago el retrato de una mujer en un camafeo
que el susodicho personificado por Tom Hanks observa continuamente en la isla desierta? Tras su providencial regreso, se reencuentra con la dama del retrato (quien cansada de esperarlo y darlo por muerto, se casó y tuvo una hija) y le confiesa: “Tu salvaste mi vida”. Ambos lloran desconsolados, porque al fin y al cabo, eran el uno para el otro. El pobre hombre destrozado muestra en la última escena que podrá seguir con su vida, porque pudo cerrar correctamente esa historia: el amor –compartido o anhelado a distancia- cumplió en sostenerlo en su terrible experiencia y no le fue arrancado de modo violento y prematuro. No le mandó ella una botella con un papelito diciendo: “Si lees esto que sepas me he casado, ya te olvidé”.

Savater, quien hoy dice no tener fuerzas para levantarse y afeitarse, que no volverá a escribir, terminará por reponerse de ese dolor lacerante que lo acompañará sin dudas el resto de su vida. Tiene razón al decir “Se trata a los tristes como a un borracho: ya se te va a pasar”. Es claro, por lo general las personas no toleran a los tristes, a los deprimidos; cuando los demás no sienten deseos de alejarse de ellos, procuran curarlos de esa peste. Pero a los tristes, a los que atraviesan un bajón, no se los consuela: se comparte con ellos sus pasiones espirituales afines, para que vuelvan a ser su eje ahora por sí mismas, ya sin la musa o lo que fuese el combustible en el pasado, pero con nuevos incentivos para lo futuro.
 
En el marco de un bajón, sea por una pérdida o un desengaño, el escritor relativiza y desvaloriza su obra; siente que ha escrito vanas palabras llevadas por el viento y transformadas en nada. Supongo que quienes lo quieren lo sabrán confortar diciendo que sus palabras siempre tuvieron valor y significado, porque fueron escritas también para ellos.

 

                                                                                      Pablo Fernando Tomati