Los afectos sutiles
son aquellas personas que nos observan a la distancia con una sonrisa; nunca
sabrán descubrir qué es lo que sienten por nosotros, pero les place saber que
estamos aquí. Hay una evidente empatía, mezclada con un atávico hálito proveniente
de pasadas vidas que susurra sin palabras, instando a desandar algún tipo de
rumbo hacia nosotros. Los afectos sutiles saben que ese limbo no conduce a
nada, pero hay una duda central arraigada en lo más profundo de su ser –no es
temor ni inseguridad, es algo que tiene más que ver con un: “este no ha sido el
tiempo, la edad ni la circunstancia para que esa persona sea algo distinto… a
un afecto sutil”.
Los afectos sutiles
son los que llegan hasta el teléfono sacado de su base o del índice deslizado
por la pantalla del Smartphone para activarlo, y nada más; los del “venite”
cuando previamente y posteriormente exclaman un genérico “vengan”, pero que no
nos integran a su mundo si pueden evitarlo; son el rostro sonriente a cuatro
asientos de distancia; son los que nos encuentran en las páginas de sus libros
de lectura sin haber estado pensando en nosotros previamente.
Pablo Fernando Tomati