El ser humano tiende a juzgar a otros con caracterizaciones ajenas
a la condición humana misma, y con ligereza usa adjetivos como
"monstruo", "chacal", etc. para calificar a individuos como
Hitler o Videla. Cada vez que un espécimen humano se conduce fuera de los
límites de lo universalmente considerado como aceptable, se produce un hecho
que nos interpela al resto de los componentes de la especie que somos. Todos
tenemos monstruos dentro, a los cuales dependiendo de la clase de tipos que
pudimos llegar a ser, logramos dominar con mayor o menor diligencia. El agua
mineral contenida en un vaso es pura si no ha penetrado en él ninguna gota de
agua cloacal. Una gota de agua pura puesta en un vaso con agua servida no
altera su condición de no consumible. Lo que nos define como especie es cuán
lejos pudo ser capaz de llegar alguno/s de sus individuos traspasando aquellos
límites, porque en la potencialidad de perversión se define a la especie
completa, así como a ese vaso ya no podemos considerarlo potable para ser
bebido. Mal que nos pese. Y a hacerse cargo colectivamente, que le vamos a
hacer, y que no se enojen los nano cúbicos de agua pura de este vaso “S.
Sapiens”.
Pablo Fernando Tomati, sábado 18 de mayo de 2013
No hay comentarios.:
Publicar un comentario