El antiguo gnosticismo enseñaba que Dios era un eón dueño del
tiempo eterno; que el ámbito primordial era el Pleroma (conjunto de eones); que
el demonio era un eón caído, llamado “Demiurgo”. Siguiendo el curso de este
razonamiento, los eones están compuestos de pneuma (espíritu), la sustancia que
hace que algo sea un ser y no un elemento. En este punto, Demiurgo es el
creador del Universo contenedor de seres vivos orgánicos, y en su desafío al
gran Eón extrajo pneuma del ámbito primordial del Pleroma para alimentar ese
universo. El Hombre tiene pneuma; cada individuo porta una infinita mínima
porción de ese pneuma hurtado; cada persona que alcanza el alto grado
espiritual –pneumático-, al dejar su existencia física retorna con su pneuma al
ámbito primordial, y ese hecho supone una mutilación al universo demiúrgico,
pues se le birla esa partícula de pneuma que retorna a su sitio original. Las
categorías de individuos que son funcionales al plan de Demiurgo son los
materiales o hílicos (los materialistas, agnósticos, ateos, hedonistas,
concupiscentes, etc.) y los animales o psíquicos (en mayor contacto con su
alma, pero cómodos en su mundo terrenal, existencialistas, esclavos de sus
ideologías y sus verdades), pues en ambas categorías el pneuma permanece
retenido en el ámbito universal demiúrgico, y vaga en búsqueda de nuevos huéspedes.
La tercera categoría -los espirituales- son los que al morir, por su vida
consagrada a la ataraxia y la
meditación, regresan al ámbito primordial del Pleroma.
Los papas tienen en cuenta la doctrina cátara, y son atentos
lectores del material referente a los gnósticos “cultos” como Satornil,
Basílides, Marción y Valentín, y los vulgares como Simón el Mago, Cerinto,
Meneandro, Carpócrates y Bardesanes, claro que jamás lo confesarán en público
ni harán referencia alguna a lo expresado precedentemente. El enorme contenido
del conocimiento debe ceñirse a un minúsculo lote de oraciones para llegar a
los oídos de las masas acostumbradas más a los gestos que a las ideas. De ahí
las parábolas de Jesucristo: en vez de citar a Isaías, contaba cuentitos para que
los mensajes de fondo fuesen aprehendidos por las almas humildes. El buen
profeta sabe que su figura será corrompida por la fábula y la mistificación,
por eso la clave de su ministerio es hacer perdurar las enseñanzas, pues éstas
son las verdaderas "piedras" de sus templos. El Dogma simplificó la
concepción cátara, y el Pleroma pasó a ser el Paraíso que antaño era llamado
Empíreo, los eones las entidades superiores o ángeles, el pneuma el alma y
Demiurgo el Demonio. La columna vertebral de las religiones, con sus matices ,es
este esquema. El dios severo de los Testamentos judeo cristianos es en realidad
el demonio; el dios invocado en los templos está muy lejos del escenario
universal, es indescriptible, por eso todo parte de un enorme equívoco.
Amonestar, premiar y castigar, son funciones claramente demoníacas, ajenas al
Ser total del amor. Mas la cosa se salió de cauce, y ahora con un mundo tan
evolucionado y complejo, urge reinterpretar todo desde cero. Es torpe abordar
la identificación de esa noción arbitraria llamada Dios si no se empieza por
elevar al Hombre hacia una nueva dimensión existencial. Es como el punto
estampado en el papel: no puede concebir lo que es la altura, una dimensión que
le es ajena; o si se quiere, la tan mentada alegoría de la caverna y las
sombras de objetos y personas exteriores imposibles de imaginar por quienes
nunca habían salido de ese sitio.
Se dice que Francisco sólo será trascendente si logra que se
puedan casar los curas, se acepte el matrimonio gay, se bendigan los condones y
los abortos y se pulverice el aparato financiero del Vaticano. Francisco dijo
"No sólo hay que pedir y agradecer; hay que adorar a Dios". Una
devoción direccionada a un sujeto es inaceptable en la civilización donde
gobiernan los agnósticos; una entidad que exige ser amada y que se tenga fe en
que existe para formar parte de su club es inconcebible en el mundo donde sólo
existe lo que se ve o sobre lo cual hay evidencia científica. Y donde se impone
la especie que la Religión es un ingenioso sistema de dominación de masas para
beneficio de las clases dirigentes y una clerecía corrupta.
El advenimiento de Francisco es visto como el anuncio de una
vuelta a la Edad Media, al oscurantismo. Asusta la perspectiva que este hombre
que habla del demonio atraerá multitudes. El cumplimiento de los consejos
esenciales de Cristo, ¿a quiénes vendrían a beneficiar y a quiénes perjudicar?
La religión fue el combustible o el bálsamo para los sabios de la ciencia -cito
sólo como minúsculo ejemplo a Blas Pascal-, pues al Homo Sapiens se le inculcó
la rebeldía y las ansias de saber, pero también la espiritualidad. Este es el
aspecto que habría que atender. Al mismo tiempo, la religión cumplió también el
rol de cohesionar comunidades en ciertas reglas morales para que no descarrilaran
y se desmadraran; los templos fueron el único refugio de los textos, que
salvaron para los tiempos el saber antiguo. Sin las islas de civilización que
fueron los templos no hubiese surgido el Renacimiento. Francisco procurará
hacernos retornar a los valores primigenios, aquellos que nos hacían vivir en
armonía con el medio ambiente y el respeto por todas las criaturas de la
creación, intercederá para desterrar el odio y aquello del "Hombre lobo
del Hombre", y hará uso de su condición de líder de multitudes para
condicionar la omnipotencia de los gobiernos y las corporaciones dominantes.
El mayor desafío de cualquier líder religioso debe focalizarse en librar al planeta del flagelo que curiosamente es la
razón de ser de la Iglesia: la pobreza. "Quiero una Iglesia de pobres"
dice Francisco. "¡Ay!, cómo quiero una Iglesia para los pobres". El
tortuoso camino hacia el descubrimiento de lo que es Dios exige un mundo sin
pobreza y gente bruta; si el buen pastor realmente lo es, no se quedará
sosteniendo su Institución sobre la base de la pobreza clientelar, limitándose
a aliviar las penurias, sino que luchará por erradicar la miseria, y de paso el
odio, las iniquidades y la intolerancia. Por ahí se analizan los éxitos o fracasos de un ministerio.

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