EL ALBEDRÍO INDUCIDO
Cierto número de personas en
este mundo (un núcleo de privilegiados, unos mil millo nes de entre miles de
millones de seres humanos) son dueños de libre albedrío. Aún con algunos
condicionantes, obran libremente según
su entera voluntad, gozan de libertad de elección. El resto es el elefante liberado; cree que la
libertad disponible se mantiene inalterable desde el día de su nacimiento,
ignorando que algo externo a él le puso cadenas durante su desarrollo para
inducirle la conveniente noción del alcance de su albedrío. Dejemos de lado los pueblos oprimidos, cuasi
esclavizados por férreas autocracias, dictaduras o reinados teocráticos. El hommo urbanis occidental, el tipo de calle,
en su mayoría es un manojo de inducciones, de adoctrinamientos adquiridos,
aprehendidos e incorporados al torrente sanguíneo. Están los dogmáticos
fanatizados, cuya razón está irremediablemente condenada a la atadura de su
cadena intelectual, en segundo lugar los prosélitos de doctrinas por lo general
heredadas de sus mayores, que impermeabilizan oídos, cautivando el criterio
para refrendar con su voto el canto a la lealtad, y por último una minoría que
no se casa con nada, que revé su pensamiento, lo corrige cuando voces ajenas le
hacen notar su equivocación en un parecer, y reconoce que cada corriente de
opinión tiene sus héroes y sus muertos escondidos en el placar. ¿Cuál tercio
suena a liberado de ataduras?
Pero más allá de cómo se
vincula cada uno con su pensamiento, están los modos. No se trata en definitiva de la posición ideológica que defiende, sino el
modo errado en que la porta y la confronta ante la del prójimo. Como cuando
descalifica, pone motes, o intenta
hacerle entender al otro que lo que piensa carece de sustentos argumentativos
de valía. Hay dos nociones que debieran estar vedadas por completo al Hombre en
el presente estadio de su evolución: Dios y la Verdad. Son abstracciones
destinadas a poner en ridículo a sus abanderados fervorosos.
El modo en que una persona se conduce en la vida nos da la pauta de su grado de libertad interior.
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